Juan Antonio Muñoz
Domingo 05 de Febrero de 2012
Habla, habla, que algo queda... A veces son palabras que no tienen consecuencias graves, salvo promover ideas absurdas. Es el caso de aquellos que desde que vieron la película “Shakespeare apasionado”, creen que el dramaturgo estuvo involucrado en la muerte de Marlowe, o de los que vieron “Amadeus” y juran lo mismo sobre Salieri y Mozart. O de esos que después de leer a Voltaire (“La doncella de Orléans”), piensan que Juana de Arco es una loca que se escapó del “Decamerón”.
Son cosas que hacen reír, molestan o duelen, pero que fomentan la incultura, aunque, al fin, no hagan tanto daño. Pero la mentira y las habladurías se instalan con facilidad y después es casi imposible eliminarlas. Chile es dado al pelambre y las suposiciones, y también a crear grandes farsas que se transforman en verdades. En el repertorio tenemos hasta mentiras notables, que pasan a formar parte de los libros de periodismo y de historia. Embustes horrendos entramados con verdades también terribles, para hacer un caldo denso que impide distinguir una cosa de otra. Así, el mundo todavía cree en los ríos de sangre por el Mapocho y Salvador Allende para muchos es un héroe que merece más calles y plazas que Matta, la Mistral o Claudio Arrau juntos.
Ahora hay al menos otras dos instaladas, quizás con qué proyección. Una de ellas tiene por protagonista a Camila Vallejo, convertida por algunos medios de comunicación extranjeros, como Der Spiegel, en “la Juana de Arco de los Andes”. Uno de los rostros del movimiento estudiantil chileno, en gira por Europa, se pasea dando cátedra sobre tres o cuatro frases aprendidas y pretendiendo dar modernidad a un discurso comunista obsoleto —vía armada incluida—, acogido por la Fundación Rosa Luxemburgo. Le conviene, sin duda, al PC chileno, porque trae juventud a un grupo de políticos evanescente, y también a la oposición al gobierno de Piñera, porque el famoso movimiento logró descompaginar el sistema. Vamos a ver qué sucede con muchos de quienes hoy secundan y asesoran a Vallejo cuando surja la verdad y ya la mentira sea historia, y ella tenga un asiento en el Congreso.También hay otra “no verdad” en el aire: la que afecta a Inés Pérez, con la que se arruina sin más la vida doméstica de una familia que nunca antes tuvo figuración pública. Una declaración sacada de contexto, convertida en hecho informativo por un canal de TV cuyo director ejecutivo asegura que no se cometieron errores ni distorsiones, como si lo sucedido fuera parte de la forma de trabajar. Incluso dice que al canal no le “corresponde contextualizar nada”.
Son ejemplos de cómo estamos viviendo. Vallejo por el mundo haciendo aseveraciones febriles sobre Chile, el comportamiento del gobierno y las policías, y cautivando a ingenuos medios de izquierda europeos que ven en ella sólo a una joven líder estudiantil. Y la frase manipulada, estimulando el resentimiento chileno a través de las redes sociales y destruyendo la tranquilidad de una familia honorable.
Chile es dado a crear grandes farsas que se transforman en verdades.
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