lunes, 22 de junio de 2020

San Josemaria, su mensaje espiritual


SAN JOSEMARIA,

Su Mensaje Espiritual

Hoy hablaremos de San Josemaría. José María Escrivá de Balaguer nació en la localidad aragonesa de Barbastro en enero de 1902 y murió el 26 de junio de 1975 en Roma. Es por eso que este viernes conmemoraremos la fecha de su partida al cielo y que corresponde al día de su celebración litúrgica.  Su figura es conocida en todos los continentes y los frutos de la misión que Dios le confió un 2 de octubre de 1928 se extienden con vigor. En esa fecha Dios le hizo ver cuál sería la misión que le encomendaría, le hizo ver el Opus Dei. Misión que, en el decreto papal de su canonización, el 6 de octubre de 2002, dice lo siguiente:” abrir a los fieles de todas las condiciones sociales el camino ancho y seguro de santificación en medio del mundo, a través del cumplimiento, con perfección y por amor a Dios, del trabajo profesional y de los deberes de la vida ordinaria.” Y más adelante añade: “que sus enseñanzas se han mostrado providencialmente actuales para la situación espiritual de nuestra época. Es una espiritualidad en que subsisten intrínsicamente a la luz del verbo encarnado (Jesús redentor) una honda visión de la fe y un vivo sentido del valor de las realidades creadas. Se comprende al mundo como don de Dios a los hombres y como tarea apostólica cristiana. Se trata de un mensaje esencialmente Cristo céntrico y dotado de una intensa fuerza evangelizadora. Resumiendo, esto en dos frases suyas: “Poner a Cristo en las entrañas de todas las actividades humanas” o bien: santificar desde dentro todas las estructuras temporales, llevando allí el fermento de la redención.

1.- El Cristiano debe ser otro Cristo

San Josemaría amaba apasionadamente a Jesús y lo trataba continuamente como debemos hacerlo nosotros también en la Eucaristía y en la oración y en la Palabra. Que nos metamos en cada escena del Evangelio como un personaje del relato. Hagámoslo por ejemplo en el relato del evangelio de hoy que acabamos de escuchar.

Escribió:
Forja 8: “Vive junto a Cristo, debes ser en el Evangelio un personaje más conviviendo con Pedro, con Juan, con Andrés…, porque Cristo también vive ahora” o
Homilía: Hacia la Santidad: “Seguir a Cristo: éste es el secreto. Acompañar tan de cerca, que vivamos con él como aquellos doce; tan de cerca, que con él nos identifiquemos”. Como la meta que nos da San Pablo: ser otro Cristo, el mismo Cristo.
En Camino 382 escribió: “que busques a Cristo, que encuentres a Cristo, que ames a Cristo. Y en el último punto de Camino 999 anotó: Enamórate y no le dejarás.
Junto a Jesucristo, amaba a la Virgen María y trataba de imitar a la que es Esperanza Nuestra, Asiento de la Sabiduría. Su espíritu Cristocentrico es esencialmente Mariano. En la escuela del trato con Jesucristo, María es la mejor maestra.


2.- El sentido de ser hijos de Dios, la filiación divina:

Dios quiso que en el alma de San Josemaría se grabara con fuerza la conciencia de que somos a través de Cristo, Hijos de Dios. La filiación divina mediante la cual, por el Espíritu Santo, somos verdaderamente hijos de Dios, en Cristo, es un sello que cada cristiano lleva en su alma desde el bautismo. Dice “la filiación divina llena toda nuestra vida espiritual porque nos enseña a tratar, a conocer, a amar a nuestro Padre del Cielo, y así colma de esperanza nuestra lucha interior, y nos da la sencillez confiada de los hijos pequeños.
Así pues, el espíritu de santidad que debemos extender por el mundo se asienta en la alegría y en la certeza que somos hijos de Dios, esa es nuestra identidad y nuestra misión.

3.-Santos en la vida ordinaria:

Desde 1928 comprendí con claridad, escribió San Josemaría, que Dios desea que los cristianos tomen ejemplo de toda la vida del Señor. Entendí especialmente su vida oculta, su vida de trabajo corriente en medio de los hombres: el Señor quiere que muchas almas encuentren su camino en los años de vida callada y sin brillo. Gracias a Dios vio convertida en realidad aquello por lo que tanto luchó por amor a Dios y a la Iglesia. “Muchedumbres de hijos de Dios, santificándose en su vida de ciudadanos corrientes, compartiendo afanes, ilusiones y esfuerzos con las demás criaturas.”
“Esta santidad grande, que Dios nos reclama se encuentra aquí y ahora……………… en las cosas pequeñas de cada jornada.

4.- El trabajo cotidiano, camino de santidad.

El cimiento de la relación entre santidad y trabajo radica en el concepto de que el trabajo es participación en la obra creadora de Dios. El mismo Dios encarnado: Al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta como realidad redimida y redentora: no sólo como el ámbito en que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora. Como consecuencia de esto, por ejemplo podemos decir que toda ocupación honesta es santificable, que la santificación del trabajo exige que éste se realice con perfección humana, a conciencia, con rectitud y que la tarea profesional es para nosotros, el lugar donde se forjan también todas la virtudes y se encuentra la permanente ocasión de acercar las almas a Cristo: Todo esto lo resumió en una frase que es todo un programa de vida cristiana: Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar a los demás con el trabajo.

5.- Contemplativos en medio del mundo:

Poner a Cristo en la cumbre de toda acción humana. Hacerlo presente en todas nuestras actividades. El Opus Dei impulsado por el espíritu de su fundador trabaja al servicio de la Iglesia en la tarea de conducir a la creación entera hacia Cristo. Nos recomienda que aprendamos a convertir toda la jornada (todos los momentos y circunstancias de nuestra vida como se reza en la estampa de San Josemaría) en una búsqueda continua de su amistad y de su presencia. Escribió en el capítulo Vida de Oración de Amigos de Dios: ¡qué fortaleza para un hijo de Dios, saberse tan cerca de su Padre!  Sobre el sólido fundamento de la oración dice en Camino 107: “¿Santo sin oración?... No creo en esa santidad”. Con la fuerza de los Sacramentos, de la oración y de otros medios ascéticos entrelazados íntimamente con vuestra vida de trabajo y de servicio a los demás aprendemos a no perder jamás el punto de vista sobrenatural y que detrás de cada acontecimiento está la voluntad de Dios.

6.- Unidad de Vida:

Es una expresión frecuente en el mensaje de San Josemaría. Manifiesta una señal esencial dirigida a los cristianos que nos encontramos en medio del mundo. Unidad de vida significa que absolutamente todas las actividades de un cristiano deben estar compenetradas con la meta de obtener un mismo fin que es la gloria de Dios por amor a Dios y al prójimo. La vocación humana de un cristiano es parte de su vocación divina (o sea su llamada a la santidad y al apostolado) El Cristiano no puede llevar dos vidas paralelas: por una parte, la vida cotidiana (sus ocupaciones, sus relaciones profesionales, sociales, familiares) y por otra parte su vida espiritual. Tanto la vida interior, como el trabajo bien hecho y el apostolado son parte de la misma santidad. Lo que yo creo, lo que yo pienso, lo que yo digo y lo que yo hago, son las cuatro patas de la misma mesa de mi vida.
Escribió: Trabajar así es oración, estudiar así es oración, investigar así es oración. No salimos nunca de lo mismo: todo es oración, todo puede y debe llevar a Dios, alimentar ese trato continuo con él, de la mañana a la noche. Todo trabajo honrado puede ser oración, y todo trabajo, que es oración, es apostolado. De este modo el alma se fortalece en una unidad de vida sencilla y fuerte.

7.- La formación de los Cristianos

La formación espiritual, doctrinal y apostólica de todos los cristianos debe ocupar un puesto de primera importancia en este proceso puesto en marcha por el fundador del Opus Dei. La formación es un medio indispensable para ayudar a todos a alcanzar la santidad y para realizar la misión apostólica de cada uno. Se trata de conocer la doctrina de la Iglesia y promover en todos, una acción evangelizadora coherente y eficaz. Dice en Forja 841: Urge difundir la luz de la doctrina de Cristo. Atesora formación, llénate de claridad de ideas, de plenitud del mensaje cristiano, para poder después transmitirlo a los demás.

8.- Amor a la Iglesia.

Su amor a la Iglesia fue ilimitado y su afán por expandir el Opus Dei era en función de que éste sirviera a la Iglesia tanto que afirmaba que, si el Opus Dei no sirve a la Iglesia, no me interesa” Promovió en todas partes vocaciones al sacerdocio y al estado religioso, emprendió viajes agotadores por Europa y América, para difundir la doctrina de la Iglesia. Y sobretodo se dedicó a la formación de los miembros del Opus Dei, sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, para infundirles una sólida vida interior, con una ejemplar adhesión al magisterio de la Iglesia. Esta pasión por la Iglesia se puede resumir en una de sus frases “todos con Pedro a Jesús por Maria.

9.- Vocación Cristiana, vocación apostólica

Dios quiere que todos los hombres se salven: esto es una invitación y una responsabilidad, que pesan sobre cada uno de nosotros. La Iglesia no es un reducto para privilegiados. Dios espera ardientemente que se llene su casa. El ardor por la salvación de las almas es consecuencia del amor de Dios que llena el corazón y la mente de los hijos de Dios. Escribió en Es Cristo que Pasa 122: el apostolado es amor de Dios, que se desborda, dándose a los demás. Y el afán de apostolado es la manifestación exacta, adecuada, necesaria de la vida interior.

10.- La libertad.

La formación que impartía San Josemaría iba encaminada a fomentar el amor a la libertad que ha de impregnar el trabajo de los cristianos. Anotó en Forja 144: Grande y hermosa es la misión de servir que nos confió el Divino Maestro. -Por eso, este buen espíritu ¡gran señorío! se compagina perfectamente con el amor a la libertad, que ha de impregnar el trabajo de los cristianos.
El amor a la libertad, concebida en su exacta condición de regalo precioso de Dios a los hombres, con la consecuente responsabilidad personal, caracteriza firmisimamente dicho espíritu. San Josemaría Escrivá se empeñó en formar hombres y mujeres maduros, personas que actúan según su conciencia rectamente formada y que asumen, libre y responsablemente, las consecuencias de sus actos. Cada uno ha de actuar, en el ejercicio de su actividad profesional o social, de acuerdo con su identidad cristiana, como hijo de Dios, con la libertad con la que Cristo nos ha liberado.


Conclusión:

Hasta el momento hemos hecho una lista como de supermercado de todas las virtudes y enseñanzas de San Josemaría. Ahora el punto es ¿cómo nosotros podemos imitarlo y seguir sus preceptos para hacer algo parecido? Esa es la idea, cierto. No es venir a escuchar palabras bonitas y el relato de lo que hacen otros, sino que concluir en que podemos imitarle.
Recordemos que cuando él fundó la Obra, o mejor dicho la vio, no contaba con ningún medio especial. No tenía dinero, ni su familia era influyente, venía de un lugar poco conocido, en un periodo tuvo que refugiarse por la persecución religiosa en la guerra civil española. Todo en contra. Pero según él mismo comentaba: era un sacerdote joven con buen humor y contaba con la gracia de Dios, y de eso no hace ni cien años. Nosotros somos testigos de muchas de las obras que a través de sus seguidores o él mismo impulsaron: residencias universitarias, colegios, escuelas agrícolas, santuarios, universidades. Todo muy tangible. Pero lo que más importa y que nosotros si estamos en condiciones de hacer es ayudar a acercar muchas almas a Cristo. Son innumerables, miles, quizás millones de personas las que se han acercado a Cristo y una vez que han pasado de este mundo al otros, se han ido al cielo. Que, sin la intervención de los santos, en este caso de San Josemaría y de sus seguidores capaz que hubieran estado en otra condición al morir.
¿Qué podemos hacer nosotros? Contamos con la gracia de Dios, es probable que también tengamos buen humor. Entonces no hay razón para quedarnos como espectadores ante lo que otros hacen. Contamos con la gracia de Dios y sabemos que el brazo de Dios no se ha debilitado desde la creación del mundo hasta ahora. También tenemos la posibilidad de asistir a todos estos medios de formación que mucho nos pueden ayudar a encauzar nuestra vida para hacer lo que Dios quiere que hagamos.
Tengamos presente que nosotros también podemos transformar al mundo desde nuestro modesto punto de acción en la vida.

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