domingo, 22 de octubre de 2023

AMISTAD CON EL MUNDO: ENEMISTAD CON DIOS por José Luis Aberasturi

 Así escribe Santiago: La amistad con el mundo es enemistad con Dios. Palabras que no admiten ‘interpretación’, porque son de recibo estrictamente literal.

A mayor abundamiento, subraya: Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.

San Juan tampoco se apea de este aserto. Escribe: Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Amén.

Es lo único que podríamos añadir sin temor a equivocarnos. Porque pretender salirse de aquí es errar indefectiblemente, y sin paliativo alguno.

Cómo hemos llegado hasta borrar a Cristo y proclamarnos hijos del mundo, es algo no solo siniestro, sino incomprensible en sí mismo… excepto si lo consideramos en su verdadera realidad: el Pecado.

Porque, pasar de ‘hijos de Dios’ a ‘mundanos’, sí o también, como el único horizonte válido para un hijo de Dios en su Iglesia en medio del mundo -que es lo que se lleva a día de hoy-, es algo que no se consigue por casualidad; sino con un empeño tan notable como irracional, tan constante como eficaz.

Con este modo de proceder, estaríamos anclados en un ‘mirar hacia abajo’ -el mundo: para el que no estamos hechos, como se nos ha revelado: No tenenos aquí ciudad permanente, por ejemplo-, en lugar de ‘mirar hacia arriba’: a Dios, y a las cosas de Dios, acabando en el Cielo Prometido: Buscad las cosas de arriba, no las de la tierra, nos aconsejará san Pablo, a propósito de la Resurrección de Cristo, fundamento de nuestra Fe.

Recuerdo un comentario hecho por san Josemaria, a propósito de lo que dice el Evangelio en relación a aquella mujer que se acercó por detrás a Jesucristo, pensando en su interior que, con solo tocar la orla de su manto, quedaría curada: pues, aparte el flujo de sangre que no remitía, y de hecho había gastado toda su fortuna intentándolo, erat inclinata: estaba encorvada hacia el suelo, nos dice el evangelista.

Una mujer, con todo, llena de fe -porque cree, va a Jesús-; llena de una fe humilde: la mejor y la única fe verdadera: no se siente con ‘meritos’ ni para pedírselo: pedir sería significarse, y ella está en las antípodas de esa composición. Y se acerca al Señor aprovechando el anonimato de la multitud que Le apretujaba. Y Le toca, y queda curada.

Hablaba, san Josemaria, de ese tipo de gentes que, como los cerdos, son incapaces de mirar al cielo, siempre volcados en las cosas de aquí abajo, abocados a hocicar en la porquería, en el lodazal… incapaces de elevar su mirada a Dios y al Cielo. Abundan.

En el lado contrario a las expresiones de Santiago y de Juan, nos encontramos con las palabras, también inequívocas, de Jesús: Tanto amó Dios al mundo, que nos entregó a su propio Hijo. Insisto en que es Jesús quien habla.

Entonces, ¿cómo se compaginan estas dos expresiones que vienen directamente de Dios? Porque, a primera vista, no se compaginan en absoluto.

Vamos a intentar explicarlo. Porque explicación tiene: Dios no se contradice.

En las expresiones referidas, de Santiago y Juan -podríamos añadir otras de san Pablo, y de Jesucristo, que también las dice en este mismo sentido-, el “mundo” está tomado en su sentido espiritual y ascético: el enemigo del hombre; porque en “el mundo", señorea Satanás, con sus pompas y sus obras. Todo un clásico.

La evidencia es absoluta. También en lo que le toca dentro del desmoronamiento de la Iglesia, donde el Demonio tampoco falta; y, en tantos sitios y en tantas almas, señorea a sus anchas. La denuncia, desgarradora y reveladora, es de Pablo VI, no me la invento.

De ahí que, “ser amigo del mundo” -dejarse llevar por sus máximas, siempre opuestas a Dios y a su Iglesia y, por tanto, a las almas todas-, obra, necesariamente, el ser “enemigo” de Dios.

Por su parte, la Revelación del Amor de Dios, expresada en la Entrega total y absoluta de Cristo en la Cruz, es lo que significa ese Tanto amó Dios al mundo… Porque, aquí, “mundo” somos los hombres que vivimos -hemos vivido, viviremos- en él. Se utiliza el continente como expresión del contenido.

Este es el verdadero sentido: Tanto nos quiere Dios Padre, que no perdonó ni a su Propio Hijo. Por nosotros, en favor nuestro. 

Porque Cristo no ha muerto en la Cruz por ningún pez, ni por ningún perro, ni por ningún pino, ni por el ozono, ni para acabar con los plásticos… Porque ni los peces, ni los perros, ni los pinos, ni el ozono, pecan. Nosotros, sí. Y muchísimo: el justo cae siete veces al día.

Por lo mismo, las recomendaciones de Cristo -no juzguéis, vigilad y orad, tomad y comed…-, no se las hace a los pinos y demás, ni siquiera a los mismos ángeles: sólo a nosotros.

La Misa no la ha inventado para quedarse en el mundo, sino por nosotros. Como sus promesas de Vida Eterna, son por nosotros, no por nada de este mundo material. 

Esto también ha de quedar meridianamente claro y explícito.

Nos bastaría mirar con detenimiento el Crucifijo, saboreando y contemplado lo que representa -cosa que ningún ser material puede hacer: nosotros, sí; y debemos hacerlo, si queremos entender más y más del Amor que Dios nos tiene; y si queremos distinguir, juzgando, que “no nos den gato por liebre”-, para  empezar a entenderlo.

Por cierto: lo de gato por liebre es el pan de cada día, hoy, en la Iglesia Catolica.

Sabiendo, además, que lo que se representa en el crucifijo, se realiza en cada Misa: cada una de las Misas REALIZA y ACTUALIZA lo que el Crucifijo representa. Revelado todo ello en las palabras de la Consagración: Esto es mi Cuerpo, ‘que será entregado por vosotros’Esta es mi Sangre, ‘que será derramada por vosotros’.

De aquí que bien podemos proclamar, con grandísimo dolor, ante la desolación en la que se celebran tantas Misas, que el triunfo del Demonio está siendo todo un ARRASAR. Porque, arrasar, está arrasando.

Y la Descristianización no solo de países enteros, sino de gran parte de la misma Iglesia, tiene la misma causa: habernos vuelto al “mundo", llenarnos de él… vaciándonos, necesariamente, de Dios. Pero la advertencia de Cristo sigue en pié: No podéis servir a dos señores… Y esto vale por lo civil y por lo eclesial.

Hay que seguir clamando por tanto a Jesús, compungidos e indigentes: -Señor, ten piedad.

tomado de: https://www.infocatolica.com/blog/nonmeavoluntas.php/2309270358-amistad-con-el-mundo-enemista?utm_medium=emshare&utm_source=emshare&utm_campaign=btnmail

martes, 3 de enero de 2023

12 CONSEJOS PARA CONSEGUIR LA PAZ


1 Santa María es —así la invoca la Iglesia— la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: «Regina pacis, ora pro nobis!» —Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... —Te sorprenderás de su inmediata eficacia.

Surco, 874

2 Fomenta, en tu alma y en tu corazón —en tu inteligencia y en tu querer—, el espíritu de confianza y de abandono en la amorosa Voluntad del Padre celestial... —De ahí nace la paz interior que ansías.

Surco, 850


3 Un remedio contra esas inquietudes tuyas: tener paciencia, rectitud de intención, y mirar las cosas con perspectiva sobrenatural.

Surco, 853


4 Aleja enseguida de ti —¡si Dios está contigo!— el temor y la perturbación de espíritu...: evita de raíz esas reacciones, pues sólo sirven para multiplicar las tentaciones y acrecentar el peligro.

Surco, 854


5 Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración confiada del profeta: “el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; El es quien nos ha de salvar”.

—Rézala devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de la Providencia, que nos gobierna para nuestro bien.

Surco, 855


6 Si —por tener fija la mirada en Dios— sabes mantenerte sereno ante las preocupaciones, si aprendes a olvidar las pequeñeces, los rencores y las envidias, te ahorrarás la pérdida de muchas energías, que te hacen falta para trabajar con eficacia, en servicio de los hombres.

Surco, 856


7 Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas —a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos— no salen a tu gusto... Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan.

Surco, 860


8 Cuando se está a oscuras, cegada e inquieta el alma, hemos de acudir, como Bartimeo, a la Luz. Repite, grita, insiste con más fuerza, «Domine, ut videam!» —¡Señor, que vea!... Y se hará el día para tus ojos, y podrás gozar con la luminaria que El te concederá.

Surco, 862


9 Lucha contra las asperezas de tu carácter, contra tus egoísmos, contra tu comodidad, contra tus antipatías... Además de que hemos de ser corredentores, el premio que recibirás —piénsalo bien— guardará relación directísima con la siembra que hayas hecho.

Surco, 863


10 Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser anti-nada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.

—Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad.

Surco, 864


11 Por caridad cristiana y por elegancia humana, debes esforzarte en no crear un abismo con nadie..., en dejar siempre una salida al prójimo, para que no se aleje aún más de la Verdad.

Surco, 865


12 Paradoja: desde que me decidí a seguir el consejo del Salmo: “arroja sobre el Señor tus preocupaciones, y El te sostendrá”, cada día tengo menos preocupaciones en la cabeza... Y a la vez, con el trabajo oportuno, se resuelve todo, ¡con más claridad!

Surco, 873